Lo que no entiendo, o lo que intento entender, es como hacen las cosas, como es que deciden, a base de neuronas o de acidos gástricos o los despojos de éste. Porque poco importa el rendimiento, el profesionalismo, la apariencia y mucho menos el amor por nuestro trabajo y por quien lo hace. La desesperada necesidad de quitar lo que cuesta por lo que más cuesta, de quien no está sentado a la derecha del dictador o que viva cubierto por su sombra... y lo acepte.
Y si, somos una gran empresa, pero pequeña por el pensamiento de quienes nos dirigen hacia el rumbo de lo desconocido o por el más visceral de los pensamientos que opaca la grandeza de su gente, que tiene la satisfacción y la certeza de cumplir con su trabajo y de por lo menos, haber dejado huella en lo que hacemos.
En fin cuando el recorte nos alcance... hay que estar preparados